viernes, 18 de septiembre de 2020

La química de la sandia


 Para el #NationalWatermelonDay, aquí está la química detrás de su color y aroma, ¡y qué puede hacerlos explotar! https://ift.tt/33n9qy4

Fuente https://compoundchem.tumblr.com/post/625436581255315456/for-nationalwatermelonday-heres-the-chemistry

martes, 15 de septiembre de 2020

La química de la cerveza


 ¡Es el #InternationalBeerDay! Estos son los compuestos químicos que le dan a la cerveza su amargor y sabor: https://ift.tt/2SZdFbQ https://ift.tt/3gDZe86

Fuente https://compoundchem.tumblr.com/post/625810280213086208/its-internationalbeerday-here-are-the-chemical

domingo, 13 de septiembre de 2020

Presentación y retos primera semana.Habilidades

 DETALLES


- Me gusta cambiar los planes
- Me gusta hablar con todo el munod
- Me entusiasmo fácilmente



DOS ACTIVIDADES FAVORITAS

- Leer, escribir,
- Realizar actividades


UN DESEO QUE ME GUSTARIA VER CUMPLIDO

- Mayor igualdad



MIS EXPECTATIVAS E INQUIETUDES


  Seguir disfrutando de mi trabajo



 Seguir aprendiendo


Disfrutar


Tres razones por las cuales valdría la pena dedicar más tiempo y esfuerzo a fomentar el desarrollo de habilidades para la vida en los docentes, los estudiantes y otros miembros de la comunidad educativa. 

 Elabora una imagen digital  Picha en el enlace

https://view.genial.ly/5f5ddb0d3c6c490cee94857d/social-action-genially-sin-titul

Tarea 5: Cómo contribuir al desarrollo emocional del alumnado


    Creo que el desarrollo de estas habilidades para la vida hace que los alumnos aprendan aquello que considero que es muy importante.

    Creo que  solo lo he aprendido (que es importante ) cuando me lo han dado con comprensión, con confianza, con cariño, con seguridad, con libertad, con valor en mí misma,..

   Nos debemos a nuestros alumnos y la mejor forma de demostrarlo y ser buenos profesionales es queriéndoles como se tienen que querer ellos mismos. Y esa autoestima en parte, se la estamos creando de cómo les tratamos y les enseñamos.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

La química de los materiales del balón de fútbol.


 Esta noche es la final de la Champions League! Aquí hay un vistazo a la química detrás de los materiales utilizados para hacer balones de fútbol: https://ift.tt/2EpvPQS https://ift.tt/32fo4Fe

Fuente https://compoundchem.tumblr.com/post/627244724028407808/its-the-champions-league-final-tonight-heres-a

sábado, 5 de septiembre de 2020

La química del vino

Es viernes. Es el #NationalRedWineDay. ¡Aquí hay algo de química relevante para marcar el comienzo del fin de semana! 🍷 https://ift.tt/31zppHY https://ift.tt/3hE2Mrc

Fuente https://compoundchem.tumblr.com/post/627705266072403968/its-friday-its-nationalredwineday-heres-some
 

¿Dónde ’comprar’ ingredientes para la vida?

 ¿Cuáles son los ingredientes de la fabada? ¿Dónde encontrarlos cerca de casa, y también esa sidra extraordinaria que tomamos? ¿Puedes hacer una fabada con fabes y chorizo que no sean asturianos? Muchos se habrán hecho preguntas como estas durante este extraño verano. De manera parecida muchos astrobiólogos se preguntan cuáles son los ingredientes principales y esenciales de la vida, dónde se pueden encontrar en las cantidades y forma adecuadas para que aparezcan seres vivos y, de manera más específica, de dónde vienen los ingredientes de la vida en la Tierra.

Ya hablamos hace unos meses del trabajo de Margaret Burbidge sobre el origen de los elementos químicos. Hoy queremos dar más detalles sobre uno de ellos que es bastante escurridizo (no literalmente, literalmente es bastante fosforescente), cuyo origen en la Tierra es uno de los grandes retos de la astrofísica: el fósforo.

El fósforo o portador de luz según los griegoslucifer en latín, que eran los nombres que se daba a Venus en esas culturas, es esencial para la vida en varios aspectos. Empezando por ser un ingrediente básico del ADN y el ARN, que está en todas las formas de vida que conocemos y en otras cosas que no consideramos que están vivas pero que tienen ARN y se multiplican como si no hubiera mañana, lo sabemos bien de los últimos meses. También el fósforo es vital para las células a la hora de almacenar y usar energía, algo que hacen con el famoso trifosfato de adenosina (ATP, el tenis no es lo más importante con esas siglas). Sin fertilizantes con fosfatos las plantas no crearían ATP a través de la fotosíntesis, ni nuestras células podrían replicarse o tendríamos los huesos que tenemos.

El 1% de la masa del cuerpo humano es fósforo, es nuestro sexto elemento más abundante, no seríamos como somos sin él. Sin embargo, este elemento no está ni entre los 10 más abundantes en la Tierra. En el universo el fósforo es muy poco abundante, millones de veces menos abundante que el hidrógeno, más de 1000 veces menos que lo que vemos en los seres vivos. No solo eso, el fósforo en la Tierra normalmente está formando minerales como la apatita, poco solubles en agua. Por todo ello se hace difícil explicar cómo la vida en sus orígenes obtuvo el (mucho) fósforo que necesita.

Hemos visto fósforo en las superficies de estrellas de distintos tipos, en las atmósferas de planetas como Júpiter o Saturno, e incluso lo hemos tocado directamente en cometas visitados por sondas como ’Rosetta’

Paramos ya de meternos en camisa de once varas hablando del papel biológico del fósforo y vamos a la parte astrofísica. Sabiendo de la importancia de este elemento para la vida, los astrónomos han buscado fósforo en el universo durante décadas. Pero es bastante esquivo, sobre todo porque no se deja notar en la zona del espectro electromagnético que el ojo humano cubre y que es donde más instrumentación se ha construido durante décadas; no tiene líneas espectrales brillantes en el óptico, en nuestro argot. Muchos han sido los que han buscado fósforo en espectros de estrellas e incluso circula la leyenda urbana (no hemos encontrado registro sobre el asunto) entre astrofísicos de todo el mundo de que una de las veces que se proclamó el descubrimiento de fósforo en una estrella resultó ser que todo había sido debido a las cerillas que usaba un astrónomo para encender su pipa durante las largas noches de observación con el telescopio.

En los últimos 20 años sí se ha logrado detectar fósforo en objetos astrofísicos. Hoy hemos visto fósforo en las superficies de estrellas de distintos tipos, en las atmósferas de planetas como Júpiter o Saturno, e incluso lo hemos tocado directamente en cometas visitados por sondas como Rosetta. Con estas observaciones se ha propuesto un ciclo cósmico del fósforo, en el que el elemento se formaría en las explosiones de supernova de estrellas muy masivas, que lanzarían grandes cantidades de fósforo al espacio entre estrellas. Desde ese medio interestelar pasaría a los planetas a través de asteroides y cometas, lo que implica que debe haber mecanismos para que el fósforo llegue a esos astros errantes y que la Tierra debió recibir impactos de ellos en cantidades significativas.

Por primera vez este año se han encontrado pruebas de esta teoría, y una conexión directa entre el fósforo interestelar y el fósforo cometario, además de encontrar unas peculiares estrellas ricas en fósforo que no se conocían hasta la fecha. Con respecto al primer resultado, un grupo de astrónomos liderado por el español Víctor Rivilla descubrió moléculas de fósforo combinado o con oxígeno o con nitrógeno en una región de formación estelar, encontrando pruebas de que esas moléculas podrían formarse por ondas de choque creadas por las estrellas jóvenes y las explosiones de supernova que compactan el material gaseoso, posibilitando la formación de moléculas donde la temperatura, densidad y exposición a la radiación estelar es adecuada. Rivilla y colaboradores no solo estudiaron una región de formación estelar, sino que también fueron a buscar monóxido de fósforo en los datos proporcionados por Rosetta para el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Nadie lo había hecho antes pero parecía una buena idea tras detectar esa molécula en el medio interestelar. Y efectivamente ahí estaba, en cantidades relativas parecidas a la nube de gas, apoyando la teoría que dice que este cometa se formó antes que el Sol y que el fósforo puede llegar a los planetas en compuestos solubles en agua, más accesibles para la vida que la apatita, a través de cometas y asteroides.

En cuanto a las estrellas ricas en fósforo, que no parecen superar un 1% del total de estrellas de la galaxia, su estudio en los próximos años será de gran interés, ya que podrían ayudar a entender por qué los modelos de formación de la Vía Láctea, que usan toda la información que tenemos sobre cómo evolucionan las estrellas, predicen hasta un factor tres menos fósforo del medido. Esta discrepancia señala que nos falta información fidedigna sobre cómo se crea el vital fósforo del universo, que podría ser influenciada por propiedades estelares como la rotación o la convección. Una interesante implicación de este problema del fósforo es que el Sistema Solar seguramente tuvo que formarse en una zona “privilegiada”, quizás enriquecida en fósforo por supernovas cercanas o por estrellas especiales.

¿De dónde viene nuestro fósforo? ¿Qué pasó cerca del Sol para que lo tengamos con nosotros y cómo llegó a la Tierra? ¿Se necesita una cantidad mínima de fósforo para que aparezca la vida? ¿Puede el papel del fósforo en la creación de la vida ser llevado a cabo por otro(s) elemento(s)? ¿Y dónde está esa fabada?, ¡que las echamos de menos y tienen del orden de 400 mg de fósforo por cada 100 gramos de fabes! En todas esas preguntas muchos astrobiólogos y gastrónomos tienen bastante trabajo para los próximos meses y años.

Pablo G. Pérez González es investigador del Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA).

Patricia Sánchez Blázquez es profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Vacío Cósmico es una sección en la que se presenta nuestro conocimiento sobre el universo de una forma cualitativa y cuantitativa. Se pretende explicar la importancia de entender el cosmos no solo desde el punto de vista científico sino también filosófico, social y económico. El nombre “vacío cósmico” hace referencia al hecho de que el universo es y está, en su mayor parte, vacío, con menos de 1 átomo por metro cúbico, a pesar de que en nuestro entorno, paradójicamente, hay quintillones de átomos por metro cúbico, lo que invita a una reflexión sobre nuestra existencia y la presencia de vida en el universo.

Fuente https://elpais.com/ciencia/2020-09-01/donde-comprar-ingredientes-para-la-vida.html

viernes, 4 de septiembre de 2020

El método científico.

Apuntes de clase

Aquí tenéis el resto de los videos del canal

 

Boletines.- Tema El Método Científico

Error Absoluto y Error Relativo (nuevo)
Cambio de Unidades IV repaso (nuevo)
Cambio de Unidades I (nuevo)

Juego - El Método Científico


buenas practicas

Test R6.- Cambio de Unidades (temperatura)
Test R5.- Cambio de Unidades (volumen)
Test R4.- Cambio de Unidades (superficie)
Test R2.- Cambio de Unidades (m. g,l)
Test 06.- Cambio de Unidades (temperatura)
Test 05.- Cambio de Unidades (volumen)
Test 04.- Cambio de Unidades (superficie)
Test 03.- Método Científico (ESCAPE GAME)
Test 02.- Cambio de Unidades (m. g,l)
Test Inicial
Fuente todo el material esta sacado de la siguiente dirección http://www.juansanmartin.net/fisyqui03.html

jueves, 3 de septiembre de 2020

Margaret Burbidge: La mujer que encontró nuestros orígenes

 

“Las estrellas rigen nuestra condición”. Con esa cita de El rey Lear de Shakespeare la astrónoma británica Margaret Burbidge, fallecida la semana pasada a la edad de 100 años, comenzaba uno de los artículos científicos más relevantes del siglo pasado, en el que dio una respuesta astrofísica a la eterna pregunta filosófica: ¿de dónde venimos?

Si le preguntamos a un médico o a un biólogo, nos dirán que el cuerpo humano está compuesto por agua, proteínas, lípidos, ADN, ARN... Para una física como Eleanor Margaret Burbidge es más interesante hablar de entidades más básicas y preguntarse por los átomos que componen el cuerpo humano y el universo. Los pulmones, el corazón, los músculos, los huesos... Todo es básicamente combinación de 4 elementos, aunque no precisamente los de la filosofía griega. Lo que domina es el oxígeno, que da cuenta del 65% de nuestra masa, seguido del carbono, que contribuye con un 18%, hidrógeno 10%, nitrógeno 3%, y luego hasta casi otra veintena de elementos que se consideran esenciales para nuestra vida, aparte de muchos más que en principio no necesitamos. Si estos elementos se reorganizaran en distintas partes de nuestro cuerpo, cabeza y el tronco serían oxígeno, las piernas serían de carbono, los brazos de hidrógeno, y todos los demás elementos tendrían una masa algo mayor que las manos y los pies. Curiosamente, si nos fijamos no en masa sino en número de átomos, lo que domina es el hidrógeno, igual que en el universo en general, que da cuenta de casi 2 de cada 3 átomos en nuestro cuerpo (en el universo, el 90% de los átomos son hidrógeno).

¿De dónde vienen todos esos elementos?, ¿de dónde venimos nosotros? Esta pregunta nos la hemos hecho durante milenios, y hace ya más de 70 años hubo un gran debate científico sobre el asunto, en paralelo al desarrollo de la Teoría del Big Bang y a los grandes avances en física atómica y nuclear, tristemente ligados al desarrollo bélico. La publicación que lideró Margaret Burbidge, conocido como el artículo B2FH por las iniciales de sus autores, presentó, ¡en 108 páginas!, una compilación de avances en el estudio de los más de 1000 núcleos de los 102 elementos conocidos hasta ese momento (hoy tenemos 118 elementos y más de 3300 “nucleidos”). Sumando lo poco que se sabía sobre cómo se forman supernovas hasta lo mucho que se había avanzado en la determinación de las abundancias de isótopos como los del uranio (empleado en bombas; en el artículo se mencionan, por ejemplo, resultados de las pruebas de armas nucleares en las Islas Bikini, en esta ocasión usados con propósitos pacíficos), Margaret Burbidge y sus colaboradores presentaron las bases de la teoría del origen de los elementos y la historia de la materia que actualmente es las más aceptada.

Volviendo a la composición del cuerpo humano, hoy sabemos que nuestro origen es doble. La mayor parte de nuestros átomos, que son hidrógeno, se formaron al principio de los tiempos, poco después del Big Bang, en lo que se llamaba nucleosíntesis primordial, estudiada en detalle por otros 2 autores del artículo B2FH, William Fowler (que ganó un premio Nobel por su trabajo sobre reacciones nucleares en estrellas) y Fred Hoyle (famoso por crear el nombre de Big Bang, aunque lo hizo de manera despectiva). Algunos de esos átomos de hidrógeno pudieron formar parte de estrellas, pero es muy poco probable, así que es realmente fascinante pensar que más del 60% de los átomos que forman nuestro cuerpo se crearon en los primeros minutos después del Big Bang. No es menos impresionante saber, gracias a Margaret Burbidge, dónde, a qué velocidad y cuándo se formaron los elementos e isótopos que componen todo lo que vemos alrededor. El origen es la fusión en el interior de estrellas y procesos mucho más energéticos y rápidos en las explosiones de supernova o incluso en el espacio casi vacío entre estrellas y galaxias.

Todavía hoy el estudio de la formación de elementos es uno de los principales temas en astrofísica. Por ejemplo, muy recientemente hemos detectado con el radiotelescopio ALMA los primeros átomos de oxígeno formados en el universo, que ya existían hace 13.3 miles de millones de años. Es decir, una fracción no despreciable del agua que compone nuestros cuerpos pudo formarse a partir de hidrógeno primordial y oxígeno creado en el primer 5% de la vida del universo.

Margaret Burbidge ha sido una de las figuras más prominentes de la astrofísica, por el artículo mencionado y también por medir cómo se mueven las estrellas dentro de las galaxias (lo que prueba la existencia de materia oscura) o por el estudio de cuásares, además de construir un instrumento para el telescopio espacial Hubble. Para todo ello tuvo que luchar contra normativas machistas como la que le impedía obtener tiempo de observación en telescopios profesionales, a los que tenía que acceder con solicitudes firmadas por su marido, también físico. En una ocasión, en los años 1970, devolvió un premio creado específicamente para mujeres por considerarlo discriminatorio, y preguntó “cuántas veces las mujeres habían sido descartadas para plazas de profesora”. Su vocación y su legado para todos se resume en lo que dijo cuando recibió la Medalla Nacional de la Ciencia de Estados Unidos: “el universo siempre nos deparará sorpresas”, “soy consciente de que hay que esperar lo inesperado”.

Pablo G. Pérez González es investigador del Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA).

Patricia Sánchez Blázquez es profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Vacío Cósmico es una sección en la que se presenta nuestro conocimiento sobre el universo de una forma cualitativa y cuantitativa. Se pretende explicar la importancia de entender el cosmos no solo desde el punto de vista científico sino también filosófico, social y económico. El nombre "vacío cósmico" hace referencia al hecho de que el universo es y está, en su mayor parte, vacío, con menos de 1 átomo por metro cúbico, a pesar de que en nuestro entorno, paradójicamente, hay quintillones de átomos por metro cúbico, lo que invita a una reflexión sobre nuestra existencia y la presencia de vida en el universo.

Fuente https://elpais.com/ciencia/2020-04-17/la-mujer-que-encontro-nuestros-origenes.html

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Por qué los mosquitos nos eligieron como víctimas hace miles de años.

Los mosquitos transmiten enfermedades a aproximadamente 100 millones de personas cada año y sus picaduras han condicionado la historia de la humanidad. Hay aproximadamente 3.500 especies de mosquitos en todo el mundo. La inmensa mayoría son generalistas que pican a cualquier vertebrado que encuentran a su paso.


La mayoría de los investigadores piensa que especializarse en las personas no habría supuesto ninguna ventaja particular para los mosquitos antes del desarrollo de las culturas sedentarias hace aproximadamente 10.000 años. Una vez asentadas, las poblaciones humanas podrían haber proporcionado un recurso fácil, seguro y siempre disponible, a diferencia del de otros grupos de animales migratorios que solo garantizan sangre estacionalmente.

Los mosquitos especializados en humanos no se limitan tan solo a picar a las personas, sino que también tienden a reproducirse en hábitats modificados por el hombre.


 Depositan sus huevos en el agua y los humanos somos los únicos animales que manipulamos el agua para extraerla, canalizarla y acumularla para consumo doméstico. Por eso, no han faltado especulaciones acerca de que la dependencia reproductiva de los mosquitos a las fuentes humanas de agua, particularmente en regiones áridas, también podría haber desempeñado un papel clave en la especialización de esos dípteros.Los datos genómicos son consistentes con la hipótesis de que los grupos de mosquitos especializados en humanos evolucionaron dentro de ese periodo cultural. Sin embargo, la cuestión es qué compensaciones fisiológicas, anatómicas, morfológicas y conductuales indujeron a que algunos mosquitos eligieran picar a los humanos y a no hacerlo en los animales domésticos que nos acompañan desde mucho antes de convertirnos en sedentarios.

¿Por qué algunos mosquitos nos encuentran irresistibles, mientras que otros no nos prestan atención?

Para responder a esa pregunta, un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton (EE UU) desarrolló en el África subsahariana un proyecto basado en la recogida de puestas de Aedes aegypti. Fue una buena elección porque, además de ser uno de los mosquitos especializados en humanos más temibles como responsables del zika, de la fiebre amarilla y del dengue, sus poblaciones se dividen en dos subespecies.

En cambio, las hembras de las poblaciones generalistas de la subespecie formosus tienden a preferir el olor de otros vertebrados no humanos de cuya sangre se nutren. Se piensa que el especialista antrópico evolucionó de antepasados generalistas africanos hace entre

5.000 y 10.000 años, posiblemente en el norte de Senegal o de Angola.La subespecie aegypti prospera en los hábitats urbanos tropicales de América y Asia, donde se ha especializado en picar a los humanos hasta el punto de que el 95% del alimento de las hembras, que son fuertemente atraídas por nuestro olor corporal, procede de sangre humana.

Como todos los mosquitos, ambas subespecies depositan sus huevos en el agua, por lo que los investigadores comenzaron colocando miles de ovitrampas, unas pequeñas tazas llenas de agua y hojas sucias que simulan los remansos de agua encharcada que constituyen el hábitat ideal de puesta.

Para obtener muestras significativas de los diferentes ambientes en los que se reproducen los mosquitos, las ovitrampas se colocaron cerca de grandes núcleos de población (en ciudades de hasta más de 2 000 personas por kilómetro cuadrado) y en áreas despobladas cubiertas de vegetación natural en las que los mosquitos rara vez tropiezan con personas. También abarcaron una amplia gama de climas, desde hábitats semiáridos con lluvias estacionales hasta ecosistemas forestales con lluvias durante todo el año.

En total, se recolectaron huevos de mosquitos en 27 localidades diferentes. Una vez secos, los huevos se comportan como semillas: pueden permanecer en estado de latencia durante seis meses o un año antes de eclosionar. Esto permitió su traslado a Princeton con el objetivo de criar nuevas poblaciones en condiciones de laboratorio.

Obtenidas estas, los investigadores tentaron a los insectos con olores procedentes de humanos y de conejillos de indias. El experimento consistió en construir lo que podríamos llamar un olfatómetro: una gran caja de plástico llena de mosquitos, con dos tubos extraíbles. Mientras que en uno se colocaba un conejillo de indias, uno de los investigadores introducía su brazo durante varias horas en el otro. Uno y otro cebo olfativo estaban protegidos de las picaduras directas por unos filtros que impedían el paso de los insectos.



Pocos minutos después de colocar los tubos con sus respectivos cebos, los mosquitos entraban por uno u otro tubo. Transcurrido un tiempo, se retiraban los tubos para contar cuántos habían elegido uno u otro. Los resultados revelaron que a los mosquitos procedentes de áreas muy pobladas les gustaban más los efluvios humanos. El resultado más revelador estaba relacionado con el clima: los mosquitos que procedían de lugares que presentaban una estación lluviosa seguida de una estación de sequía, larga y calurosa, preferían a los humanos.

El porqué de esa respuesta puede estar relacionado con el ciclo de vida de los mosquitos. Aedes aegypti pone sus huevos justo por encima de la superficie del agua en agujeros de árboles, oquedades y fisuras de rocas o en recipientes artificiales. Si los huevos se mantienen húmedos, pueden eclosionar de inmediato. Sin embargo, los huevos depositados al final de las lluvias en áreas silvestres deben entrar en latencia para sobrevivir durante la estación seca hasta que vuelva la lluvia, un desafío particularmente difícil cuando la sequía es prolongada y calurosa.


El agua estancada, el factor crítico para las larvas, es difícil de encontrar en esos ambientes extremadamente áridos, pero abunda alrededor de las poblaciones humanas que acopian agua para subsistir, lo que durante todo el año proporciona a los mosquitos una incubadora hídrica para el desarrollo de sus larvas. Eso sugiere dos cosas.


Por un lado, aunque las estaciones secas largas y calurosas fueron el factor selectivo clave, las poblaciones de mosquitos de regiones áridas evolucionaron hacia la especialización en humanos como un subproducto para aprovechar la situación de dependencia del agua almacenada para las puestas. En segundo lugar, cuando las larvas pasan al estado hematófago adulto la sangre disponible más cercana es la de los humanos, con la ventaja añadida de que sus nuevas víctimas carecen de las pieles recias y difíciles de perforar de otros vertebrados, incluidos los domésticos.

Los análisis genómicos revelaron también que los mosquitos especialistas en personas difieren genéticamente de los generalistas, y que la preferencia por los seres humanos se desarrolló en un único lugar indeterminado para luego extenderse por toda África conforme el clima seco se expandió por el continente. Luego, en la época de la esclavitud, el comercio esclavista extendió enfermedades como la malaria por otras zonas tropicales.

Aunque la investigación publicada en Current Biology se centró en el origen y la historia evolutiva de los mosquitos, si se correlacionan con los datos climáticos del IPCC y de población de la ONU los resultados sugieren que, como consecuencia del cambio climático y de la cada vez más intensa presión urbanizadora, en un futuro próximo habrá más mosquitos transmisores de enfermedades humanas en todo el mundo.

Fuente https://elpais.com/elpais/2020/08/11/planeta_futuro/1597134655_719199.html

 es catedrático del Departamento de Ciencias de la Vida e Investigador del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá. Y es responsable del Grupo Federal de Biodiversidad del PSOE.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

The Conversation