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jueves, 3 de septiembre de 2020

Margaret Burbidge: La mujer que encontró nuestros orígenes

 

“Las estrellas rigen nuestra condición”. Con esa cita de El rey Lear de Shakespeare la astrónoma británica Margaret Burbidge, fallecida la semana pasada a la edad de 100 años, comenzaba uno de los artículos científicos más relevantes del siglo pasado, en el que dio una respuesta astrofísica a la eterna pregunta filosófica: ¿de dónde venimos?

Si le preguntamos a un médico o a un biólogo, nos dirán que el cuerpo humano está compuesto por agua, proteínas, lípidos, ADN, ARN... Para una física como Eleanor Margaret Burbidge es más interesante hablar de entidades más básicas y preguntarse por los átomos que componen el cuerpo humano y el universo. Los pulmones, el corazón, los músculos, los huesos... Todo es básicamente combinación de 4 elementos, aunque no precisamente los de la filosofía griega. Lo que domina es el oxígeno, que da cuenta del 65% de nuestra masa, seguido del carbono, que contribuye con un 18%, hidrógeno 10%, nitrógeno 3%, y luego hasta casi otra veintena de elementos que se consideran esenciales para nuestra vida, aparte de muchos más que en principio no necesitamos. Si estos elementos se reorganizaran en distintas partes de nuestro cuerpo, cabeza y el tronco serían oxígeno, las piernas serían de carbono, los brazos de hidrógeno, y todos los demás elementos tendrían una masa algo mayor que las manos y los pies. Curiosamente, si nos fijamos no en masa sino en número de átomos, lo que domina es el hidrógeno, igual que en el universo en general, que da cuenta de casi 2 de cada 3 átomos en nuestro cuerpo (en el universo, el 90% de los átomos son hidrógeno).

¿De dónde vienen todos esos elementos?, ¿de dónde venimos nosotros? Esta pregunta nos la hemos hecho durante milenios, y hace ya más de 70 años hubo un gran debate científico sobre el asunto, en paralelo al desarrollo de la Teoría del Big Bang y a los grandes avances en física atómica y nuclear, tristemente ligados al desarrollo bélico. La publicación que lideró Margaret Burbidge, conocido como el artículo B2FH por las iniciales de sus autores, presentó, ¡en 108 páginas!, una compilación de avances en el estudio de los más de 1000 núcleos de los 102 elementos conocidos hasta ese momento (hoy tenemos 118 elementos y más de 3300 “nucleidos”). Sumando lo poco que se sabía sobre cómo se forman supernovas hasta lo mucho que se había avanzado en la determinación de las abundancias de isótopos como los del uranio (empleado en bombas; en el artículo se mencionan, por ejemplo, resultados de las pruebas de armas nucleares en las Islas Bikini, en esta ocasión usados con propósitos pacíficos), Margaret Burbidge y sus colaboradores presentaron las bases de la teoría del origen de los elementos y la historia de la materia que actualmente es las más aceptada.

Volviendo a la composición del cuerpo humano, hoy sabemos que nuestro origen es doble. La mayor parte de nuestros átomos, que son hidrógeno, se formaron al principio de los tiempos, poco después del Big Bang, en lo que se llamaba nucleosíntesis primordial, estudiada en detalle por otros 2 autores del artículo B2FH, William Fowler (que ganó un premio Nobel por su trabajo sobre reacciones nucleares en estrellas) y Fred Hoyle (famoso por crear el nombre de Big Bang, aunque lo hizo de manera despectiva). Algunos de esos átomos de hidrógeno pudieron formar parte de estrellas, pero es muy poco probable, así que es realmente fascinante pensar que más del 60% de los átomos que forman nuestro cuerpo se crearon en los primeros minutos después del Big Bang. No es menos impresionante saber, gracias a Margaret Burbidge, dónde, a qué velocidad y cuándo se formaron los elementos e isótopos que componen todo lo que vemos alrededor. El origen es la fusión en el interior de estrellas y procesos mucho más energéticos y rápidos en las explosiones de supernova o incluso en el espacio casi vacío entre estrellas y galaxias.

Todavía hoy el estudio de la formación de elementos es uno de los principales temas en astrofísica. Por ejemplo, muy recientemente hemos detectado con el radiotelescopio ALMA los primeros átomos de oxígeno formados en el universo, que ya existían hace 13.3 miles de millones de años. Es decir, una fracción no despreciable del agua que compone nuestros cuerpos pudo formarse a partir de hidrógeno primordial y oxígeno creado en el primer 5% de la vida del universo.

Margaret Burbidge ha sido una de las figuras más prominentes de la astrofísica, por el artículo mencionado y también por medir cómo se mueven las estrellas dentro de las galaxias (lo que prueba la existencia de materia oscura) o por el estudio de cuásares, además de construir un instrumento para el telescopio espacial Hubble. Para todo ello tuvo que luchar contra normativas machistas como la que le impedía obtener tiempo de observación en telescopios profesionales, a los que tenía que acceder con solicitudes firmadas por su marido, también físico. En una ocasión, en los años 1970, devolvió un premio creado específicamente para mujeres por considerarlo discriminatorio, y preguntó “cuántas veces las mujeres habían sido descartadas para plazas de profesora”. Su vocación y su legado para todos se resume en lo que dijo cuando recibió la Medalla Nacional de la Ciencia de Estados Unidos: “el universo siempre nos deparará sorpresas”, “soy consciente de que hay que esperar lo inesperado”.

Pablo G. Pérez González es investigador del Centro de Astrobiología, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (CAB/CSIC-INTA).

Patricia Sánchez Blázquez es profesora titular en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).

Vacío Cósmico es una sección en la que se presenta nuestro conocimiento sobre el universo de una forma cualitativa y cuantitativa. Se pretende explicar la importancia de entender el cosmos no solo desde el punto de vista científico sino también filosófico, social y económico. El nombre "vacío cósmico" hace referencia al hecho de que el universo es y está, en su mayor parte, vacío, con menos de 1 átomo por metro cúbico, a pesar de que en nuestro entorno, paradójicamente, hay quintillones de átomos por metro cúbico, lo que invita a una reflexión sobre nuestra existencia y la presencia de vida en el universo.

Fuente https://elpais.com/ciencia/2020-04-17/la-mujer-que-encontro-nuestros-origenes.html

miércoles, 11 de diciembre de 2019

La Tabla periódica que alerta sobre la desaparición de los elementos.

La tabla periódica que alerta sobre la desaparición de elementos. / EuChemS La Sociedad Europea de Química (EuChemS), presidida por la española Pilar Goya, ha presentado este mes en el Parlamento Europeo una tabla periódica con los 90 elementos químicos que componen todo lo que conocemos, a la vez que representa la abundancia o escasez de cada uno de ellos. Así, por ejemplo, no tenemos que preocuparnos porque nos vaya a faltar el abundante oxígeno (O), pero sí está en grave riesgo el ligero helio (He) en los próximos 100 años, ya que se escapa por nuestra atmósfera y diversos países se disputan sus depósitos. Por su parte, el uso creciente de otros elementos, como el uranio (U), también supone un riego en aumento; y la disponibilidad limitada del litio (Li) y magnesio (Mg) puede suponer un problema de abastecimiento en el futuro. Estos dos metales son algunos de los que se emplean para fabricar teléfonos móviles, como indica esta tabla periódica, que además incluye elementos sintéticos (el prometio -Pm- y el tecnecio -Tc-) y los procedentes de minerales cuya extracción genera conflictos (oro -Au-, wolframio -W-, tántalo -Ta- y estaño -Sn-). La original tabla de EuChemS también se ha mostrado este 29 de enero en París durante la inauguración del Año Internacional de la Tabla Periódica.

lunes, 9 de diciembre de 2019

El magnesio y el cuerpo humano. Tabla periódica.

El magnesio es el último de nuestra serie de #elementosesenciales para el cuerpo humano. Este compuesto se encuentra principalmente en los huesos y dientes. Su función más importante la hace en los músculos, donde se encarga del proceso de relajación. También en el músculo del corazón, ya que ayuda a mantener el ritmo cardíaco. Es esencial para el correcto funcionamiento del cerebro y del resto del sistema nervioso. Es necesario para más de trescientas reacciones bioquímicas que ocurren en nuestro organismo. Entre ellas, se encuentra la síntesis de proteínas y la producción de energía. También regula los niveles de azúcar en sangre y forma parte de la estructura del ADN. Por todo esto es importante que este elemento forme parte de nuestra dieta. Se puede encontrar en legumbres, nueces, almendras y hortalizas de hoja verde, como la lechuga. Pero no solo es importante en los animales, también lo es en las plantas. El magnesio forma parte de la clorofila, que se encarga de la fotosíntesis que alimenta a estos seres vivos.
  WEARBEARD

lunes, 8 de febrero de 2016

Dmitri Ivanovich Mendeléiev.



Dimitri Ivanovich Mendeléiev

(Tobolsk, actual Rusia, 1834-San Peterburgo, 1907) Químico ruso. Su familia, de la que era el menor de diecisiete hermanos, se vio obligada a emigrar de Siberia a Rusia a causa de la ceguera del padre y de la pérdida del negocio familiar a raíz de un incendio. Su origen siberiano le cerró las puertas de las universidades de Moscú y San Petersburgo, por lo que se formó en el Instituto Pedagógico de esta última ciudad.
Más tarde se trasladó a Alemania, para ampliar estudios en Heidelberg, donde conoció a los químicos más destacados de la época. A su regreso a Rusia fue nombrado profesor del Instituto Tecnológico de San Petersburgo (1864) y profesor de la universidad (1867), cargo que se vería forzado a abandonar en 1890 por motivos políticos, si bien se le concedió la dirección de la Oficina de Pesos y Medidas (1893).
Entre sus trabajos destacan los estudios acerca de la expansión térmica de los líquidos, el descubrimiento del punto crítico, el estudio de las desviaciones de los gases reales respecto de lo enunciado en la ley de Boyle-Mariotte y una formulación más exacta de la ecuación de estado. En el campo práctico destacan sus grandes contribuciones a las industrias de la sosa y el petróleo de Rusia.
Con todo, su principal logro investigador fue el establecimiento del llamado sistema periódico de los elementos químicos, o tabla periódica, gracias al cual culminó una clasificación definitiva de los citados elementos (1869) y abrió el paso a los grandes avances experimentados por la química en el siglo XX.
Aunque su sistema de clasificación no era el primero que se basaba en propiedades de los elementos químicos, como su valencia, sí incorporaba notables mejoras, como la combinación de los pesos atómicos y las semejanzas entre elementos, o el hecho de reservar espacios en blanco correspondientes a elementos aún no descubiertos como el eka-aluminio o galio (descubierto por Boisbaudran, en 1875), el eka-boro o escandio (Nilson, 1879) y el eka-silicio o germanio (Winkler, 1886).
Mendeléiev demostró, en controversia con químicos de la talla de Chandcourtois, Newlands y L. Meyer, que las propiedades de los elementos químicos son funciones periódicas de sus pesos atómicos. Dio a conocer una primera versión de dicha clasificación en marzo de 1869 y publicó la que sería la definitiva a comienzos de 1871. Mediante la clasificación de los elementos químicos conocidos en su época en función de sus pesos atómicos crecientes, consiguió que aquellos elementos de comportamiento químico similar estuvieran situados en una misma columna vertical, formando un grupo. Además, en este sistema periódico hay menos de diez elementos que ocupan una misma línea horizontal de la tabla. Tal como se evidenciaría más adelante, su tabla se basaba, en efecto, en las propiedades más profundas de la estructura atómica de la materia, ya que las propiedades químicas de los elementos vienen determinadas por los electrones de sus capas externas.
Convencido de la validez de su clasificación, y a fin de lograr que algunos elementos encontrasen acomodo adecuado en la tabla, Mendeléiev «alteró» el valor de su peso atómico considerado correcto hasta entonces, modificaciones que la experimentación confirmó con posterioridad. A tenor de este mismo patrón, predijo la existencia de una serie de elementos, desconocidos en su época, a los que asignó lugares concretos en la tabla.
Pocos años después (1894), con el descubrimiento de ciertos gases nobles (neón, criptón, etc.) en la atmósfera, efectuado por el químico británico William Ramsay (1852-1816), la tabla de Mendeléiev experimentó la última ampliación en una columna, tras lo cual quedó definitivamente establecida.



miércoles, 6 de enero de 2016

Cuatro nuevos elementos completan la séptima fila de la tabla periódica

La Unión Internacional de Química Pura y Aplicada ha confirmado el hallazgo y la inclusión de cuatro elementos nuevos a la tabla periódica. Los elementos 113, 114, 117 y 118 son sintéticos, altamente radiactivos y con una vida de segundos o milisegundos.
MATEMÁTICAS, FÍSICA Y QUÍMICA: Química

La Unión Internacional de Química Pura y Aplicada ha confirmado el hallazgo y la inclusión de cuatro elementos nuevos a la tabla periódica. Los elementos 113, 114, 117 y 118 son sintéticos, altamente radiactivos y con una vida de segundos o milisegundos.
<p>Tabla periódica./ Fotolia</p>
Tabla periódica./ Fotolia
Los elementos 113, 115, 117 y 118, descubiertos en las últimas dos décadas por científicos rusos, japoneses y estadounidenses, completan la séptima fila de la tabla periódica. Tras haber sido confirmados por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC, por sus siglas en inglés), se abre ahora el plazo para que los equipos descubridores propongan un nombre y un símbolo para sus hallazgos.
Hasta que tengan nombre oficial se les denominará ununtrium (Uut o elemento 113), unumpentium (Uup, 115), ununseptium (Uus, 117) y ununoctium (Uuo, 118)
“La comunidad científica está ansiosa de que su preciada tabla se complete hasta la séptima fila. La IUPAC ya ha iniciado el proceso para formalizar los nombres y símbolos”, indica Jan Reedjik, presidente de la división de química inorgánica de la organización. Hasta que reciban su nombre oficial se les conocerá como ununtrium (Uut o elemento 113), unumpentium (Uup, 115), ununseptium (Uus, 117) y ununoctium (Uuo, 118). Los nuevos elementos En 2003 un equipo ruso-estadounidense ya mencionó la posible existencia del elemento 113. Sin embargo, no fue hasta 2012 cuando el equipo del científico  Kosuke Morita, de la Universidad de Kyushu (Japón), pudo confirmar su existencia. Este nuevo elemento es el resultado de la desintegración del 115. El elemento 115 existe durante menos de un segundo antes de desintegrarse en átomos más ligeros. Según la IUPAC, el trabajo colaborativo entre científicos del Instituto Central de Investigaciones Nucleares en Dubna (Rusia), el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California (EE UU) y el Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee (EE UU), que comenzó en 2010 y cuyos hallazgos fueron confirmados en 2012 y 2013, cumple los criterios necesarios para atribuirles el descubrimiento de este elemento y también del 117.
El 117 es el segundo elemento sintético más pesado de la tabla, después del también recién incluido 118 y su vida es de escasos milisegundos.
El 117 es el segundo elemento sintético más pesado de la tabla, después del también recién incluido 118, y su vida es de escasos milisegundos. Finalmente, el instituto ruso y el laboratorio californiano –también implicados en el descubrimiento de los elementos 115 y 117– son responsables del hallazgo del elemento 118, el de mayor masa atómica de todos los sintetizados hasta ahora. “Estamos entusiasmados con estos nuevos elementos  y agradecemos a estos científicos su minucioso trabajo, así como la labor de la comisión de comprobación",  afirma Mark Cesa, presidente de IUPAC. Descubrimientos complicados "Una de las principales dificultades en el establecimiento de estos nuevos elementos es que se desintegran en isótopos hasta ahora desconocidos de elementos algo más ligeros, que también deben ser inequívocamente identificados",  explica Paul J. Karol, miembro del comité que ha revisado los descubrimientos. “En el futuro esperamos mejorar métodos que puedan medir directamente el número atómico, Z ", concluye.
La comisión de comprobación de los nuevos elementos ha estado integrada por un equipo conjunto de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) y de la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada (IUPAP). Fuente: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Cuatro-nuevos-elementos-completan-la-septima-fila-de-la-tabla-periodica